La afición atlética está rota en mil pedazos. Las facciones ya ni luchan entre ellas por querer tener la razón. Somos un pequeño país que sacrifica a sus soldados, que los manda a una muerte segura, que piden clemencia antes de presentarse en el campo de batalla. Incluso los dictadores que se apropiaron de un club parece que también lo han hecho de la historia, nuestra historia.
Pero la historia no puede ser robada. Solo puede ser olvidada. Y la única forma de no olvidar es hablar de ello.
23/11/2011






