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Entre lo divino y lo humano

El Atlético de Madrid cerró una primera vuelta de ensueño en la que ha sumado 50 de los 57 puntos en juego. Comparte liderato con el Barcelona y aventaja al eterno rival en tres puntos. Todos hablan del Atleti como un serio competidor a la conquista del título pero, de puertas para adentro, la filosofía Cholista del ‘partido a partido’ devora cualquier amago de vanagloria.

El aficionado atlético disfrutó el pasado sábado de un partido que llevaba reclamando muchos años. El de los nervios en el estómago por la primera cita y no por el “tenemos que hablar”, el de la batalla para vencer y no para no caer derrotado y la oportunidad de pelear de tú a tú, a una sola carta, por conseguir un título que ni siquiera existe pero que sirve de mucho.

Se esperaba mucho del equipo y el equipo respondió. Competitivo como siempre, desactivó al Barcelona como ya hiciese en la Supercopa y ambos conjuntos repartieron el botín de manera salomónica quizá como premio a 19 partidos de lucha sin cuartel. El partido, a lo que íbamos, gustó y mucho al que suscribe. Pero bien sabe Dios que para gustos los colores y el partido fue un supino tostón para otros muchos.

Será que somos una generación malcriada por el tikitaka y el empacho de victorias de la Selección, pero no creo que, a día de hoy y con una diferencia de presupuesto como la que hay entre ambos equipos, exista un modo humano de plantarle cara a las grandes deidades del fútbol patrio que a cara de perro y con muy poco brillo. Por supuesto que cualquier aficionado al fútbol añora aquellos tiempos de goleadas inverosímiles, remontadas espectaculares y culto al gol pero en pleno siglo XXI jugar así al Barcelona solo sirve de salto al vacío.

Este Atlético de Madrid es quizá un espécimen divino comparado con los 17 equipos de la ‘otra Liga’ pero queda varios peldaños por debajo de la divinidad que ostentan esos que se llevan el reconocimiento en la Gala del Balón de Oro de la FIFA. Mientras sigue en su particular purgatorio, más cerca ya del cielo que del infierno, y siempre que la asfixiante economía permita mantener en la medida de lo posible el bloque, tocará seguir peleando con piedras contra los grandes portaaviones.

Por el momento, la fórmula funciona incluso por encima de lo que propios y extraños podían vaticinar. El tiempo dirá si algún día ese balón dorado se tiñe de rojiblanco. Porque soñar es gratis y de sueños imposibles sabemos mucho a orillas del Manzanares.

Periodista en Eurosport Yahoo! Rojiblanco como bendito castigo y nostálgico del fútbol de antaño. Politeísta creyente en Gárate, Luis, Arteche y Calderón. Fernando Torres, el profeta.

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