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Corazón propio, bolsillo ajeno

El viernes se rompió la insólita calma que nos tenía entre aburridos y expectantes. Diego había denunciado al Atleti por no haberle pagado 59.000 €, por una serie de bonus, que estaban estipulados en su contrato. El club se los pagó, una vez supo que el brasileño había efectuado la denuncia, y alega que si no se le había abonado antes el dinero era porque se había acordado hacer efectivo el pago a finales de verano.

Rápidamente se desató un torrente de opiniones para todos los gustos: unos comprendiendo la actitud de Diego -porque el dinero es suyo- y otros pensando que esta denuncia acaba con las posibilidades  -porque su intención era volver a vestir de rojiblanco- de su fichaje por el Atleti.

Solo una de ambas cuestiones anteriores es cierta, la primera: el dinero que Diego había pactado con el Atleti era suyo. La segunda era una suposición. Porque que yo sepa Diego nunca ha manifestado abiertamente que quisiera regresar a Madrid. Sí se supo que viajó a Brasil y que, coincidiendo con su estancia allí, el Flamengo negoció con el Wolfsburgo.

Los aficionados atléticos seguíamos ilusionado con el regreso del brasileño porque sabemos que sin él volveremos a tener un equipo a medio camino entre el quiero y no puedo. Un puñado de buenos futbolistas, ¿dos estrellas? pero sin nadie que les dirija desde el césped. Por eso, intentamos compaginar el corazón propio con el bolsillo ajeno, intentando comprender a todos, lo cual se me antoja imposible. Lo cual nos lleva a emitir juicios de valor sin el conocimiento de todos los hechos.

Si usted lleva mucho tiempo en su empresa seguro que le tiene cierto cariño. Quiere que su empresa siga creciendo, venda todos los productos posibles y diversifique el negocio, porque todo esto le garantiza el trabajo y la estabilidad económica para seguir viviendo. Tal es el cariño que le tiene, que en momentos de crisis económica, incluso podría pactar un retraso en el pago a fin de que la empresa adquiera liquidez en aras de seguir manteniendo el negocio.

Y no parece correcto que si ha llegado a un acuerdo con la empresa, usted lo rompa unilateralmente, a no ser que no sepamos si ha habido otras circunstancias que le hayan obligado a hacerlo. Así que esperaremos a que Diego “nos cuente, cuando se al momento, lo que está ocurriendo en realidad”. Es lo mejor que podemos hacer, a no ser que queramos entretenernos dando nuestra opinión basada en suposiciones sin fundamento.

Del Atleti por principios. Y hasta el final.

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