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De niños y valores

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Muchas vueltas se le dan a los viejos valores. Atributos que antaño no se nombraban pero se tenían y que, en la actualidad, no paran de nombrarse pero ni se tienen ni se encuentran.

Los valores tienen su parte de ambigüedad, rangos y prioridades. Por ejemplo, para unos el valor reside en ir a ganar por encima de todo usando la ventaja física negra de dos hermanos (confesos madridistas por cierto); para otros, el valor está en decirle al entrenador, que disfruta de esos dos portentos, que debe enseñar a jugar en equipo. Porque, con 12 años, tienes casi la obligación de disfrutar, de tener cerca adultos que te enseñen a compartir, a dar valor a tu compañero de al lado, a hacer saber que todos son importantes y que el juego limpio está por encima de todo.

El valor de formar ganadores cueste lo que cueste, o formar en valores de espíritu en equipo y competitivo… ¿Qué da más réditos en el futuro? El debate está abierto y no es baladí, ya que los atléticos tenemos la autoestima tan baja que nos agarramos a las camisetas ardiendo de unos niños para que nos den orgullo, a cualquier precio, con los valores que sean, pero que ganen, porque casi está agotada la anestesia.

Los valores de la primera plantilla son aún más complejos. ¿Cómo inculcar esos sentimientos de pertenencia y orgullo si no han sido niños rojiblancos? Porque cuando un niño rojiblanco juega al fútbol juega por él y por muchos que ya no podemos volver a serlo. Los niños de las rayas rojas y blancas juegan porque quieren emular a sus ídolos, a esos mismos que carecen de lo que ellos tienen.

Un niño con la camiseta del Atleti sabe que es distinto, sabe que juega por los valores de la soledad diaria pero de una hermandad colectiva de cada fin de semana. Sabe que juega por él y por el familiar especial que le hizo el regalo del oso y el madroño. Un niño rojiblanco emula a sus mayores, hereda sus luchas, trasmite mitos y narra leyendas como los cuentos nocturnos.

Los niños rojiblancos aprenden de nosotros. Nos seguirán donde les digamos porque confían y tienen fe, porque somos quienes les enseñamos y protegemos. Son nuestro futuro. Los últimos portadores de los valores y el respeto.

No somos nosotros, los adultos, los que debemos esperar a que los niños nos recuerden lo que son los valores. Somos nosotros los que, con nuestro ejemplo, debemos guiarles.

Los niños están preparados para luchar con coraje y corazón y a hacer de esto un juego noble y sano. No les fallemos.

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Todos los que hacemos forzaatleti os deseamos un feliz año 2012.

Volveremos el lunes, 2 de enero.

Atlético de la vieja escuela. Un gol de rubio, una falta de Landáburu y el espíritu de Arteche. Los videojuegos mi profesión. El cine, modelismo y humor canalla mi pasión

Comentarios (3)

  1. No se están haciendo muy bien las cosas sobre todo después de ver este verano cómo se fue De Gea. Después de estar desde niño en el Atleti no se le escapó ninguna lágrima, ni hubo, ni siquiera ni un atisbo de tristeza ni en su rostro ni en sus palabras. Más bien, al contrario, fueron meses de jugar al ratón y al gato con el club que le dio todo y con la afición que se le entregó desde el principio. Para mí fue una medida de cómo se trabaja en la cantera.

    Una pena, amigo.

  2. Desconocido

    Estos no tiene 12 años ni de coña los conozco yo que soy de mostoles y lo unico que son son dos chulos madrditas que se aprochen de su cuerpo de 16 años o 15 contra niño de 12 y 11 años