Sentado en el sillón de su despacho y con los codos apoyados sobre la gran mesa que presidía el mismo, MAG disfrutaba, por fin, de unos minutos de sosiego. La mañana había transcurrido entre reuniones y conversaciones telefónicas. Unas horas frenéticas. Casi no había tenido tiempo ni para comer.
El despacho era muy amplio.
20/06/2011






