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Histórico triunfo del Atleti en San Siro

Diego Gosta gol Milan

Champions League
Octavos de Final

Milan Milan 0

Atlético Atlético 1

Milan: Abbiati, De Sciglio (Abate, 25'), Rami, Bonera, Emanuelson, De Jong, Taarabt, Poli (Constant, 85'), Essien, Kaká, Balotelli (Pazzini, 78')

Atlético: Courtois, Juanfran, Miranda, Godín, Insua, Gabi, Mario Suárez, Koke, Arda Turan (Rodríguez, 74'), Raúl García (Adrián, 80'), Diego Costa

Goles Goles

0-1 Diego Costa (83')

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El mejor del partido El mejor del partido

Courtois

Courtois

Bélgica Bree

11-05-1992

  • Partidos 154
  • Goles 0
  • Asistencias 0
  • Tarjetas Amarillas 7
  • Tarjetas Rojas 1
Diego Costa

Diego Costa

España Lagarto

07-10-1988

  • Partidos 135
  • Goles 64
  • Asistencias 15
  • Tarjetas Amarillas 35
  • Tarjetas Rojas 2

El Atlético de Madrid sigue haciendo historia al ganar en la prestigiosa plaza de San Siro a un equipo heptacampeón de Europa. No fue tan sencillo como predijeron los gurús del fútbol internacional. Esto es la Liga de Campeones, una competición diferente, la más exigente del planeta, en la que el peso de la historia cuenta mucho. Por más que nos duela, el Atlético es un recién llegado, mientras el Milan es un habitual de este torneo. No es el de Sacchi, tampoco el de Capello ni el de Ancelotti, pero conserva el orgullo y la raza de un equipo campeón. Y, por eso, siempre hay que tenerle respeto.

El equipo estaba concienciado y salió desde el principio muy suelto sin que el escenario pareciera impresionarle. Con Diego Costa y Raúl García en la punta, bien arropados por el cuarteto de centrocampistas, el Atleti comenzó el partido jugando muy cerca del área rossonera, dando muestras del estilo inconfundible de Simeone. El Milan no se dejó impresionar por estos primeros minutos de los colchoneros y fue, poco a poco, recuperando terreno en el encuentro conducidos por Kaka. De él surgieron las mejores ocasiones milanistas. Durante unos minutos pareció el magnífico jugador que un día fue.

Su disparo al larguero fue el primer aviso. El segundo, un remate de cabeza de Poli, detenido de forma extraordinaria por Courtois. Fue una de las jugadas clave del partido porque el Atleti estaba tocado y ese gol, de haberse producido, podría haber terminado de hundirlo. Tener o no tener un portero de primer nivel te pone en la siguiente ronda o te hunde en la miseria. He aquí una de las grandezas de este deporte: un testarazo, casi a bocajarro; los reflejos de un portero que es capaz de abrir el brazo instantáneamente para que su mano desvíe al poste la pelota que iba directa a las redes.

El Atlético siguió aturdido durante unos minutos más. De vez en cuando lograba alejarse de su territorio y aparecer por las cercanías del área de Abbiati, pero el Milan seguía insistiendo en sus ataque. Principalmente por la izquierda, donde encontró un pasadizo expedito, gracias a un inexistente Insúa. Los milanistas se relamían cada vez que pasaban por allí. Godín se multiplicaba para tapar los agujeros que el lateral izquierdo provocaba por su ausencia o por su presencia, que para el caso fue lo mismo.

Se llegó al descanso con la sensación de que el Atlético de Madrid había escapado de un resultado adverso por un poco de suerte y por un mucho de su gran portero.

La segunda parte fue diferente, aunque comenzó más o menos de forma parecida. Unos minutos de frenesí rojiblanco para pasar, acto seguido, a unas cuantas jugadas peligrosas del Milan. Fue así, hasta que a Essien, a De Jong y a Kaka se les acabaron las fuerzas. Los jugadores atléticos fueron imprimiendo, paulatinamente, más velocidad a su juego. Gabi, algo impreciso en su juego en la primera mitad, y Mario Suárez fueron ganando terreno para los suyos. Koke y Arda ya no tuvieron que correr tanto detrás del balón, lo cual les permitió empezar a construir fútbol y a conectar con mas frecuencia con Raúl García y Diego Costa. Un par de disparos desde fuera del área del navarro y de Koke dieron síntoma de que el partido estaba cambiando, definitivamente.

Pasaban los minutos y el Atleti, lejos de dar signos de cansancio daba muestras de estar retornando a su envidiable forma física de hace un par de meses. Los delanteros apretaban, los medios se adelantaban y los defensas vivían mucho más tranquilos.

Quedaba poco tiempo, pero se veía que el Atlético podía tener alguna oportunidad. La tuvo, al fin, y Diego Costa, el delantero torpón, tosco, malencarado, polémico, cuyo principal defecto es que no sabe definir situaciones de gol, no desperdició, por extraño que parezca, un balón que salió repelido hacia atrás por Abate, en un lanzamiento de córner. El balón venía sin fuerza, llovido del cielo. Diego Costa tuvo que rectificar su posición, corriendo de espaldas, hasta que chocó con Miranda que también esperaba a rematar. Pero como no hay quien le impida rematar un balón si tiene una mínima oportunidad de hacerlo, Costa saltó con las mandíbulas apretadas, el cuello tenso y la cabeza inclinada hacia detrás para poder darle la fuerza que la pelota no tenía y que era necesaria para superar a Abiatti.

Diego Costa logró así un gol memorable que le daba al Atlético de Madrid un triunfo histórico. Uno más para el Atleti del Cholo y sus muchachos que siguen haciéndonos disfutar, también en la Liga de Campeones.

Del Atleti por principios. Y hasta el final.

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