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Koke, el triunfo de la normalidad

(Foto: www.clubatleticodemadrid.com)

Esta no es la historia de chico conoce a chica, de flechazo instantáneo y boda. Nuestro protagonista es más de tertulia de bar con los colegas. Porque si algo tiene claro Koke Resurrección es que el respeto a la tradición y los principios es sagrado, no se negocia jamás por muy despampanante que sea la fémina en cuestión por la que renunciar a ellos. Alguna que otra ‘novia’ ha llegado cargadita de billetes al Vicente Calderón para llevarse a nuestro amigo, un tal Arsene Wenger se encaprichó con él cuando aún estaba en el filial y el Zénit le triplicaba el sueldo el pasado verano. Pero su historia se escribe en rojo y blanco, los mismos colores que besó sobre el verde del territorio hostil tras la batalla más importante ganada por el ejército Cholista. El triunfo que nos devolvió la identidad.

Porque Jorge Resurrección Merodio, el chico con pinta de yerno perfecto, no es hombre de peinados imposibles, botas reflectantes o reportajes en revistas. Por no tener, no tiene ni nombre de futbolista de postín, sino que pasea por los campos de Europa su mote de crío, de chaval de barrio, orgulloso de su Vallekas -con K de Koke- natal. Él se siente cómodo en el anonimato que le da ser uno de los pilares y no la pieza de orfebrería que queda ante los ojos del espectador. Es el niño pequeño que siempre estuvo por ahí correteando y que, sin darnos cuenta, se hizo mayor. Todo un hombre hecho y derecho, añadiría.

Y es que Koke se ha convertido al mismo tiempo en esperanza y realidad. En referente para jóvenes y mayores, para entrenadores de dentro y fuera del Atlético de Madrid. No es el más físico, ni el más técnico, ni el que más goles mete, ni el que más balones roba, pero no es el peor en ninguna de estas facetas. No es el 10 en nada, pero es un 8 en todo. Esa clase media tan importante como poco reconocida y que rara vez consigue el éxito sin el respaldo de una impecable ética de trabajo. Y si algo es Koke es un trabajador incansable.

Mientras un técnico y toda una hinchada lloraban la pérdida de Diego -muchos a día de hoy siguen haciéndolo-, él vio la rendija en el sólido sistema de Simeone donde colarse y aferrarse con uñas y dientes. Quizá la única oportunidad de escribir con papel protagonista en la historia de su Atleti y para pelear por ella, ningún arma más que la ilusión y el sacrificio silencioso. El Cholo le adelantó unos metros y Koke se adaptó convirtiéndose en el mejor asistente en una temporada de la historia reciente del club. Le encomendó la tarea de ser referente a balón parado y ahora los comentaristas no paran de ensalzar el guante en pierna diestra que calza el canterano. El Atleti había perdido un gran cerebro pero se había encontrado, casi de casualidad, con el código completo del genoma rojiblanco.

Cada vez que repaso la trayectoria de Koke -y créanme que lo hago bastante a menudo- mi subconsciente y mi imaginación se ponen a trabajar. Ven en él al referente atlético durante años, de toda una época. El futbolista que no conoció amores más allá de las rayas rojas y blancas, las estrellas, el oso y el madroño. El Gerrard colchonero, lo que en Inglaterra gustan de llamar One-Club man. La leyenda que Torres no pudo ser porque, pese a su fidelidad, no fue rodeado de un equipo de garantías y que otros como De Gea no fueron por culpa del calor del dinero pese a que había mimbres de buen bloque.

El tiempo dirá si Koke se convierte en ese futbolista legendario y, sobre todo, si quienes dirigen el Atlético de Madrid le dejan serlo o solo ven en él otro buen ejemplar que vender al mejor postor. Las últimas noticias no pueden ser más ilusionantes. Titular con la Selección -aunque el seleccionador se empeñe en inventarse un nuevo lugar para él- y renovado hasta 2018, el futuro del Atlético de Madrid seguirá avanzando de la mano de Koke, quizá el último clavo ardiendo al que podamos agarrarnos los románticos del fútbol de amor por los colores, de fidelidad al escudo y de responsabilidad por vestir con honor una camiseta que representa a millones de personas.

 

Nota: Muchos pensaréis que es una locura la comparación con Gerrard pero, con la edad del canterano atlético -21 años, 8 meses y unos días-, el gran capitán del Liverpool había disputado una cifra de partidos con la camiseta Red muy similar a los 116 que acumula Koke con la rojiblanca. Por soñar que no quede.

Periodista en Eurosport Yahoo! Rojiblanco como bendito castigo y nostálgico del fútbol de antaño. Politeísta creyente en Gárate, Luis, Arteche y Calderón. Fernando Torres, el profeta.

Comentarios (4)

  1. Grandísimo jugador. Desde Pantic nadie ha sacado mejor un corner. Nuestro Cazorla partícular, a mi personalmente siempre me ha recordado a Baraja en sus inicios.

    Una pregunta Jorge… ¿qué fue de Keko? Deben ser de la misma quinta e iba para estrella ¿qué pasó?

    • Precisamente estuve buscando qué pasó con Keko días atrás. Mi opinión, muy personal, es que se precipitó buscando minutos en Valladolid y Cartagena. Ahora está en Italia, en el Catania, donde tampoco le dan mucha bola. Está por Twitter por si quieres buscarle

  2. Un artículo muy emocionante, gracias por escribirlo.

    • Gracias a ti por tu comentario, Danielu. Cuando se admira al jugador sobre el que escribes, todo es más sencillo 😉