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Cal y arena por las bandas

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Aunque nunca he sabido si lo bueno era la cal o la arena, lo que es indiscutible es que se trata de una expresión que denota la brutal diferencia entre dos elementos comparables y cuyos resultados son bien distintos. Es esto mismo lo que le está sucediendo esta temporada o, mejor dicho, esta segunda parte del curso a los laterales del Atlético de Madrid. Dos de ellos, uno por pura coincidencia, han encontrado su sitio en el Calderón y viven días de vino y rosas cabalgando por las bandas sin descanso y con la mejor banda sonora: la ovación del respetable.

Al otro lado de la balanza dos hombres, con diferentes antecedentes pero con un mismo destino. Dos jugadores condenados a la enfermería durante buena parte de la campaña y que han visto cómo su participación en el equipo ha sido testimonial tanto en los buenos como en los malos momentos en lo que va de campaña. Futbolistas tocados por la poco mágica varita del bisturí y que no terminan de ver la luz al final del túnel.

Si en los últimos años ha habido un punto negro en la plantilla del Atlético de Madrid ese ha sido el de los laterales. Jugosas inversiones en futbolistas como Pernía o Seitaridis no trajeron a la orilla del Manzanares sino fracasos futbolísticos que salieron a precio de saldo en el mejor de los casos del equipo. En la única temporada memorable que se recuerda en la historia reciente del club, se tuvo que salir al paso con la adaptación más que positiva de Ujfalusi en el flanco derecho y la del capitán Antonio López en la izquierda. Poca amenaza para un equipo destinado a pelear por grandes metas y quedarse siempre a mitad de camino.

Sin embargo, en la presente campaña, dos de las mayores alegrías han llegado precisamente en estas dos demarcaciones. De manera espontánea, fruto de un cúmulo de circunstancias, Juanfran Torres tuvo que adaptarse a una posición más retrasada de la que siempre había jugado. El resultado, escéptico en su inicio, ha acabado coronando al alicantino como uno de los nuevos ídolos de la afición rojiblanca gracias a su entrega. Al otro lado de la cancha, Filipe Luis. El brasileño afrontaba su segunda temporada con la misión de hacer olvidar todas las dudas que generó durante el curso pasado. A veces, recuperarse de una lesión tan grave en lo físico como en lo psicológico requiere más tiempo del que muchos están dispuestos a esperar.

Filipe fue recuperando el tiempo perdido. Sin hacer ruido, evitando el cartel de estrella para que sus pasos fuesen más seguros. Todo corazón, basta con mirar la hemeroteca para conocer el fondo humano de un jugador que rompió el corazón de toda La Coruña cuando aquel fatídico choque con Iraizoz lanzó un órdago contra la carrera de un jugador que amenazaba con elevarse al Olimpo del fútbol europeo. No se amilanó. Acortó sus tiempos de recuperación y ayudó al equipo en el tramo final de la temporada antes de firmar por el Atlético de Madrid. Ahora, tras un año con más sombras que luces, vuelve a sonreír haciendo lo que más le gusta: hacer kilómetros por la izquierda.

Pero en toda historia que se precie, para hablar de héroes también hay que hablar de los que se quedan sin el mérito. No son villanos, sino desafortunados. Son los casos de Silvio y Antonio López. El primero, ironías de la vida, pasaba por quirófano el mismo día que su rival en el lateral derecho, Juanfran, se llevaba todas las portadas por una cabalgada que quién sabe si él hubiera protagonizado de haber tenido más fortuna. Llegó con la vitola de incansable lateral y gustó en pretemporada. Sin embargo, las pubalgias no entienden de picos de forma y castigan sin piedad cuando menos  se espera… A no ser que se haga algo por impedirlo. Silvio no quiso, no se atrevió a curar sus problemas pese a las sugerencias de los servicios médicos. Batallando contra un incómodo dolor, fue sumando minutos como buenamente pudo, pero la fortuna le había dado la espalda. En un inofensivo despeje contra el Levante, su rodilla dijo basta. Un esguince mal curado le ha llevado ahora a una nueva recuperación de la que no se conocen plazos.

Rodilla, quirófano y recuperación. Las tres palabras que más resuenan en la cabeza de Silvio son precisamente las que se han convertido en santo y seña de Antonio López, capitán rojiblanco, durante todo el año. Hace ahora una vuelta, en la previa de la visita a Granada, Antonio López se sometía a una operación para calmar unos molestos dolores en su rodilla. Tras una recuperación más larga de lo previsto, con cambio de entrenador de por medio, volvía a la dinámica del grupo hasta que unos problemas musculares le volvieron a apartar de la dinámica de los entrenamientos del Cholo Simeone.

El canterano nunca arrancó una Liga como titular indiscutible, siempre tuvo que librar duras batallas contra los, a priori, laterales titulares. Y siempre la ganó. Bien fuese en la izquierda, en la derecha, adelante o atrás, el bueno de Antonio siempre acababa teniendo protagonismo. Un esfuerzo que le llevó a convertirse en el primer jugador en casi dos décadas que levantaba un título para el Atleti… Y por partida doble.

Cuatro hombres, cuatro historias de sonrisas y lágrimas. De alegría y dolor y, sobre todo, de las dos caras de la moneda del fútbol y que explican al que nunca lo ha vivido desde dentro lo ingrato o agradecido que puede ser este santo deporte en el que cualquier detalle puede cambiar el devenir de los acontecimientos.

Periodista en Eurosport Yahoo! Rojiblanco como bendito castigo y nostálgico del fútbol de antaño. Politeísta creyente en Gárate, Luis, Arteche y Calderón. Fernando Torres, el profeta.

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