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Ave Cholo: Cuando Simeone conquistó Roma

Simeone Blog

Al margen de visitas papales y demás lapsus a la hora de llamar al Santo Padre, si el viaje del Atlético de Madrid a Roma tiene algo especial será el retorno de Diego Pablo Simeone a la que fue su casa durante cuatro años. Si es profunda la devoción que se tiene por el argentino en el Vicente Calderón, no lo es menos la que guardan los aficionados del Lazio por un futbolista que lo dio todo sobre el campo y que, como en todos los equipos en los que jugó, dejó una huella imborrable en su estancia en la Ciudad Eterna.

Pongámonos en antecedentes. Tras tres exitosas temporadas en el Atlético de Madrid, en el que fue uno de los motores del Doblete, Simeone se marcha a Italia. El país transalpino no era nuevo para él, ya que, tras su salto de Argentina a Europa, jugó tres temporadas en el Pisa Calcio. Su nuevo destino fue el Inter. Allí, junto a un Ronaldo que se encontraba en el mejor momento de su carrera, ganó la Copa de la UEFA en 1998. Su rival en la gran final fue la Lazio. De esta manera, el Cholo realizaba su particular venganza tras la eliminación de ‘su’ Atlético de Madrid en semifinales ante el equipo romano.

Pero en ocasiones el destino es caprichoso. Tras dos años en el Giuseppe Meazza, sus desavenencias con Ronaldo fuerzan su salida del club en uno de los episodios que guarda con peor recuerdo de su etapa como futbolista. Con 29 años, muchos pensaban que ya solo tenía por delante su ocaso como jugador. Sin embargo, Sven-Goran Eriksson decide nadar contracorriente y apostar por Simeone como fondo de armario. El argentino llega a la capital italiana en el verano de 1999 y comenzará otra de sus etapas doradas como jugador.

Mientras el Atlético se desangraba en una intervención judicial que acabaría con el dramático descenso de 2000, Diego Pablo Simeone saboreaba las mieles de un nuevo doblete en el Lazio. Allí, asumiendo su rol de jugador en la rotación se fue ganando uno a uno los corazones de una hinchada tan pasional como, en ocasiones, violenta.

En sus cuatro años en la Lazio, Simeone marcó 15 goles, una cifra buena para un centrocampista que tampoco era un fijo en el once pero que, en cualquier caso, jamás le permitiría entrar en el libro Guiness de los récords del equipo italiano. Sin embargo, dos de esos 15 goles quedarán marcados a fuego en la historia del fútbol italiano. Dos goles que representan lo diferentes que pueden ser las sensaciones tras marcar. En uno, la alegría máxima. En otro, una tristeza indescriptible.

Si algo ha caracterizado siempre al Cholo ha sido precisamente el oportunismo de sus goles. En toda cita importante, Simeone marcaba, como en aquella ocasión en una calurosa tarde de mayo ante el Albacete en la que se inició el camino de la última Liga rojiblanca.

El primero esos dos históricos tantos llega el 2 de abril de 2000. Mientras el Atlético agoniza camino del infierno, con una derrota 1-2 ante el Athletic Club en España, la Juventus de Turín marcha con paso firme como líder del Scudetto. Los ocho puntos de ventaja que tiene sobre la Lazio parecen insalvables, hasta que el conjunto romano visita Delle Alpi. Es un todo o nada para los hombres de Eriksson que, ante los Zidane, Del Piero y compañía consiguen sacar una importantísima victoria gracias a un solitario tanto de Diego Pablo Simeone. Desde aquel día, la diferencia en la tabla se fue estrechando hasta que el Lazio consiguó ganar el título.

El segundo tanto, el del dolor. Nunca marcar un gol fue tan difícil para Simeone. Pese a su polémica salida del Inter, el argentino quedó marcado por su experiencia en Milán, así como la hinchada neroazzurra. Aquel 5 de mayo de 2002 era la última jornada y el Inter jugaba en el Olímpico de Roma. El Atlético celebraba su ya matemático ascenso a Primera con una victoria 2-3 en el Carlos Tartiere ante el Oviedo, el mismo escenario que había visto las lágrimas de toda una afición dos años antes. El Inter dependía de sí mismo para levantar el Scudetto, mientras que la Juventus esperaba un pinchazo para agotar sus opciones.

Hasta en dos ocasiones se adelantó un Inter dirigido por Héctor Cúper y que contaba con hombres como Ronaldo o Vieri en sus filas. Los dos tantos visitantes fueron contrarrestados por el Lazio al filo del descanso. Ya en la segunda mitad, en una falta desde la derecha, Simeone cabeceaba a las redes de la portería de Francesco Toldo. Mientras media Italia lloraba de alegría y la otra media lo hacía de pena, Simeone se quedó paralizado. No fue capaz de celebrar el gol que enterraba las opciones de su exequipo, del conjunto donde también había dejado una parte de su enorme corazón.

Ha pasado casi una década. Las botas del Cholo hace mucho tiempo que fueron colgadas y ahora sigue unido a su gran pasión desde el banquillo. En las horas previas al partido, Simeone ha dicho que será clave marcar en el Olímpico. Sin duda, si el Atlético marca, vivirá una nueva emoción en forma de gol en la que también fue su casa.

Periodista en Eurosport Yahoo! Rojiblanco como bendito castigo y nostálgico del fútbol de antaño. Politeísta creyente en Gárate, Luis, Arteche y Calderón. Fernando Torres, el profeta.

Comentarios (3)

  1. Excelente artículo. Recuerdo como en ese partido Lazio-Inter de 2002 Ronaldo lloró en el banquillo porque se les escapaba la liga.

  2. Tanto lloró Ronaldo aquel día en el banquillo que les dijo claramente a los dueños del Inter que, o Cúper o él, y, una vez más, los dirigente del Inter volvieron a equivocarse, como tantas otras veces (lease Roberto Carlos, Pirlo o Seedorf).

    Era un cabeceador imperial el Cholo, el año del doblete era un filón en las jugadas a balón parado.

    Espero que su regreso a Roma sea a lo grande, pero para nosotros.

    Un saludo.

  3. Simeone dejó huella en todos los equipos en los que estuvo. Y también los equipos dejaron huella en él. Es un tipo pasional al que nada le deja indiferente. Larga vida al Cholo en el Atlético de Madrid.

    Estupendo artículo, Jorge.